En Arberobello, en Puglia, hay unas 1500 casas que realmente son muy particulares. La historia de esta arquitectura tan inusual se remonta ala segunda mitad del siglo XVI cuando, bajo el control de la familia Acquaviva la zona comenzó a llenarse de granjeros que empezaron a dedicarse al cultivo de la fruta. Durante el reinado del rey de Nápoles los impuestos aumentaron mucho sobre esta pequeña comunidad de granjeros y eso les obligó a construir sus casas sin mortero, con forma de cono o cúpula construidas con las piedras de la zona. Tenían un agujero en el medio que se bajaba con una cuerda cuando llegaba un inspector real. El caso es que los conglomerados urbanos pagan impuestos y este pequeño truco permitía escaparles.
Hay muchas teorías con respecto a lo que pasaba entonces con el tema de los impuestos pero sin leyes democráticas debe haber sido realmente muy difícil sobrevivir. Parece que un buen día los granjeros se cansaron y en 1797 un grupo dejo Arberobello y viajo hasta Taranto para pedir ayuda al rey Ferdinando IV de Borbón. Lograron ayuda y ese mismo año el rey firmó un decreto para liberar de impuestos a toda la aldea. Hoy las típicas casas con su techo en forma de cono, trulli, han creado un magnífico y raro centro urbano, único en todo el mundo.
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