
Italia es un país con cientos de pueblos pintorescos. Uno podría tranquilamente saltearse sus hermosas ciudades y hacer un viaje de descubrimiento por estos pequeños poblados, uno mas bonito y centenario que otro. Especialmente los de la frontera con Austria, pro ejemplo, son hermosos y se convierten en la puerta de entrada de todos aquellos turistas que vienen de ese país en tour o solos, habiendo alquilado un coche o trepado a un autobús.
Por ejemplo, aquí está Bressanone. Este es un pueblo en la provincia de Tirol del Sur, pequeño pero popular como centro de esquí. Puedes llegar en tren desde Innsbruck, en Austria, cruzando el Paso Brenner. Es una verdadera joya de los Alpes con aires mediterráneos. También se lo llama por su nombre en alemán, Brixen. Está construido entre acantilados y entre las visitas que no puedes dejar de hacer está la catedral reconstruida entre 1745 y 1754 de estilo barroco pero con sus claustros góticos, los puentes, sus plazas color pastel y sus estrechas callejas arqueadas.

Además, está el Museo de la Farmacia, el Palacio del Obispo del siglo XVIII y la Iglesia de San Miguel de los siglos XIII y XIV. Una belleza de pueblo.
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