Queda claro que occidente no logra entender las culturas de países que en su mayoría profesan religiones que imponen normas y métodos de vida. Es por ello que en Irán, el Gobierno condenó a muerte a una mujer por practicar el “adulterio” y ser cómplice del asesinato de su esposo. Italia, entones, se sumó a los pedidos a las autoridades iraníes para que no se someta a Sakineh Mohammadi Ashtiani, de 43 años, a la muerte por lapidación debido a los cargos que se le imputan.
Franco Frattini, ministro de Exteriores, y Mara Carfagna, ministra de Igualdad de Oportunidades, ratificaron a través de la cadena de televisión pública más famosa de país, la RAI, que haya clemencia para Sakineh y se detenga su ejecución.
Los delitos de adulterio en países como Irán son castigados con la pena máxima, decisiones que se basan en leyes de regímenes bajo otras culturas. Ante ello, los funcionarios italianos remarcaron la necesidad de solicitar el derecho a la vida de la mujer iraní. Carfagna remarcó que “se debe adoptar una batalla contra las ideologías fundamentalistas que no respetan los Derechos Humanos” y planteó la posibilidad de reproducir el rostro de la iraní condenada a muerte en los edificios del país.
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