
Milán es la ciudad principal de la parte septentrional de Italia, es la capital de la provincia del mismo nombre y está ubicada en la región de Lombardía, siendo una de las regiones con mayor desarrollo del país. Es una ciudad que fue fundada por los celtas alrededor del año 600 AC, conquistada por los romanos, capital durante un tiempo de su imperio, saqueada por los hunos, ocupada por ostrogodos y hérulos, próspera, azotada por la peste negra, francesa, española, austriaca y finalmente italiana con todas las letras.
Aquí, uno de los sitios (sino el primero) que debemos visitar es la hermosa Catedral de Milán o Duomo di Milano, una iglesia de estilo gótico, enorme, con 157 metros de largo y con una capacidad para 40.000 personas. Es de hecho la segunda catedral católica romana mas grande del mundo después de la Basílica de San Pedro. Comenzó a construirse en 1386 y tres años después se contrató al arquitecto francés Nicolas de Bonaventure quien le dio la impronta gótica que vemos hoy.

En realidad la construcción de semejante edificio duró algunos siglos y en esos años cambiaron los arquitectos y las autoridades religiosas de la ciudad, se construyeron portales, ventanas, pilastras góticas, enormes campanarios y hacia 1762 se colocó uno de sus principales rasgos: la aguja Madonnina que se alza una altura de 108,5 metros y tiene en su punta la estatua de la Virgen. La catedral se terminó por fin en 1800 de la mano de Napoleón y por eso en una de las espiras hay una estatua del Corso, pero específicamente podemos decir que recién en el siglo XX (década del ’60) los últimos detalles se completaron con la inauguración de la última puerta.
¡Cuántos siglos! Bien, que este templo tiene 5 naves, teniendo la principal 45 metros de alto hecha en mármol rosa. Desde sus tejados el turista puede observar la ciudad de Milán y en el interior visitar una gran cantidad de obras de arte y monumentos.

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